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El origen del lenguaje
| Content Provider | Semantic Scholar |
|---|---|
| Author | Guerrero, Briceño Manuel, José |
| Copyright Year | 1970 |
| Abstract | a, función instrumental de la inteligencia, con un desarrollo paralelo al de la motricidad42. La conducta lingüística del niño es una versión estenográfica de la adquisición filogenética del lenguaje. Terminemos la descripción del modelo explicativo utilizado por Merani con su formulación mínima: la posición erecta y la marcha bípeda del homínido, junto con el consecuente desarrollo instrumental de la mano y el aumento de la capacidad craneana, liberada la cabeza sobre el eje vertical del cuerpo de la presión de poderosas inserciones musculares, le abrieron una nueva forma de vida en sociedad, caracterizada por el uso de instrumentos. La nueva forma de vida en sociedad impuso necesidades que, gracias a las premisas biológicas favorables, condujeron a la creación paulatina del lenguaje bajo la verificación y el control continuos de la praxis43 . Al utilizar este modelo explicativo, Merani no se embriaga con la creencia de haber resuelto definitivamente el problema del origen del lenguaje; su entrenamiento científico lo aleja de todo dogmatismo; por eso reconoce con sobria prudencia: “Sin duda biólogos, antropólogos, sociólogos y psicólogos carecen de documentos sobre ese estadio primitivo del hombre, pero, a la luz de la reconstrucción a base de lo demostrado hasta hoy, es la hipótesis más plausible”44 . La hipótesis más plausible. Una leve duda nos impide participar de todo corazón en el aplauso: la nueva forma de vida en sociedad ¿no presupone ya la existencia del lenguaje? ¿Puede concebirse una sociedad humana, por más primitiva que sea, sin lenguaje? La vida en sociedad y la praxis explican el desarrollo del lenguaje y de la inteligencia abstracta y su fecunda interacción, pero ¿explican también el paso del síntoma al símbolo, del sonido espontáneo a la palabra articulada, de la expresión de emociones a la intencionalidad semántica? Nuestra leve duda se convierte en confusión cuando nos encontramos con esta palmaria declaración del propio Merani: “El lenguaje, que manifiesta un desarrollo paralelo al de la motricidad y que presenta los mismos caracteres evolutivos de necesidad y de ejercicio, crea un tipo netamente singular de medio ambiente: la comunidad humana o sociedad”45 . ¿Qué? ¿El origen de la sociedad es lingüístico? ¿No habíamos quedado en que el origen del lenguaje es social?”46 El lenguaje sólo puede surgir en un tipo netamente singular de medio ambiente: la comunidad humana o sociedad; pero al mismo tiempo es el lenguaje quien crea ese tipo netamente singular de medio ambiente: La comunidad humana o sociedad. ¿Qué sutil dialéctica podemos invocar para salir de esta contradicción? ¿Se nos exige acaso el sacrificium intellectus? No cabe duda: Merani también sucumbió a las acechanzas del mismo círculo vicioso en cuya circunferencia el pensamiento de Darwin se mordió la cola47 . Mutatis mutandis, el modelo usado por Merani es en esencia el mismo de Darwin y el mismo también que ha orientado hasta ahora toda la investigación científica sobre el origen del lenguaje. Uno de sus puntos más rémulamente frágiles está ubicado precisamente en la articulación clave de su estructura: en la concepción de que el lenguaje se formó, por decirlo así, a retazos, por acumulación de logros parciales, como costura apresurada de girones semánticos azarosamente arrebatados por el homínido, en su struggle for life , a la tiniebla del sonido animal. Semejante concepción sobre la formación del lenguaje tiene su origen, por una parte, en la compulsión sistemática de toda teoría con sus tendencias procústicas y supersimplificantes que disimulan la complejidad de la realidad estudiada para conservar la coherencia, intelectualmente cómoda, del esquema explicativo ya formulado; pero, por otra parte y sobre todo, en la falta de reflexión segunda, característica del enfoque rectilíneo de la ciencia, el cual, si bien cumple su cometido dentro del campo que le corresponde, deviene aberrante cuando transgrede sus límites al abocarse a los problemas metacientíficos del origen, los fines y los fundamentos. Veamos el problema más de cerca, primero, capitulando y describiendo cuidadosamente las invariantes glotogónicas; segundo, recordando las notas esenciales del lenguaje humano; tercero, analizando los ensayos de explicación de la génesis lingüística. Kainz llama invariantes glotogónicas a los más generales principios constructivos observables o inferibles, siempre presentes en el surgimiento del lenguaje, hasta donde tal fenómeno se deja aprehender, y de los cuales puede suponerse que también participaron en la creación inicial del lenguaje48 . Aclaramos que la expresión “hasta donde tal fenómeno se deja aprehender” alude a la adquisición del lenguaje por parte del niño, a las manifestaciones fónicas de los antropoides, a la creación de palabras basada en una interpretación simbólica de vocales y consonantes, a la estratificación genética que los estudios de patología del lenguaje permiten suponer, y las relaciones psicofísicas que la fonética, la psicofisiología del lenguaje y la lingüística comparada han puesto en evidencia. Según Kainz el lenguaje surge, por una parte, de compulsiones expresivas (Ausdruckszwänge) y, por la otra, de tendencias instintivas hacia la producción de impresiones en los demás (Eindruckswirkung). Estos dos grupos de causas dan lugar a dos invariantes glotogónicas, la expresiva y la impresiva. La primera abarca todos los chillidos, exclamaciones, alaridos y demás formas de grito que acompañan los estados de intensa agitación emotiva, así como las emisiones fónicas de carácter lúdico que se producen en situaciones de seguridad y comodidad. La segunda comprende todo sonido vocal que tienda a influir sobre la actitud de los otros y contenga en sí los medios de cambiarla y dirigirla. La primera es endógena porque resulta espontáneamente de la constitución individual; la segunda es exógena en la medida en que sus productos fónicos se sirven de modelos naturales aunque no se trate de una imitación intencional y deliberada. No se encuentran en el mismo estrato genético: la primera es refleja, la segunda instintiva49 . Hay también emisiones fónicas reflejas que no resultan de la agitación afectiva ni tienen carácter lúdico; son las que acompañan a diversas actividades corporales; durante la ejecución de movimientos de todo el cuerpo o de alguna de sus partes, se producen movimientos concomitantes reflejos en los órganos de la articulación. Pillsbury y Meader observaron que durante el levantamiento de objetos pesados, por ejemplo, y también durante la comida, ciertas oclusiones de la boca producen compresiones de aire que, al ser liberado da lugar a ruidos fricativos y explosivos50 . Estos movimientos articulatorios concomitantes sirven para explicar, entre otros, el fenómeno de la to-deixis, descubierto por la lingüística comparada y que consiste en la presencia casi universal de una consonante dental en los demostrativos: el ademán de la mano que señala va acompañado por un avance reflejo de la lengua51 . Kainz subraya con especial énfasis el hecho de que las emisiones fónicas, recién descritas bajo el nombre de invariantes glotogónicas, presentan notables diferencias de tono, intensidad y duración de acuerdo con el tipo de agitación afectiva, la clase de esfuerzo corporal o el objeto externo que las provoca. El grito de terror y el de cólera agresiva son diferentes; los sonidos vocales concomitantes al salto y al levantamiento de pesadas cargas no son iguales; la proximidad de un rinoceronte enfurecido y e1 descubrimiento repentino de una serpiente entre las zarzas no producen la misma reacción vocal. El llamado sexual y la algazara lúdica se distinguen fácilmente52 . Esta riqueza en diferenciaciones modulatorias que corresponden constantemente con estados de agitación afectiva y movimientos del cuerpo bien determinados, la especializada relación fónico-orgánica, permite discernir y definir dos sistemas: el uno expresivo, el otro impresivo; pero sin olvidar que la frontera práctica entre ambos nunca es clara, pues los sonidos correspondientes al segundo están cargados de afectividad y los pertenecientes al primero tienden a difundirse entre los demás individuos en virtud de un fenómeno de resonancia psicoafectiva basado en el isomorfismo constitucional de la especie53 . Debe recalcarse con toda fuerza que la comunicación lograda por medio de los sistemas impresivo y expresivo de sonidos vocales no tiene nada que ver con signos convencionales ni con intencionalidad deliberada. Es un fenómeno que se explica, de un lado, por la resonancia psicoafectiva que acabamos de señalar, y, del otro, por el auxilio empráctico de la situación en que se encuentran los comunicantes y el refuerzo de los movimientos expresivos no fónicos54 . Otra invariante glotogónica, más compleja que las anteriores y correspondiente a un estrato genético más reciente, es la onomatopeya, cuyas raíces no están en la imitación consciente y deliberada, sino en la adaptación inmediata y espontánea de los órganos articulatorios a la impresión causada por los objetos. Hay onomatopeya cuando una impresión acústica es reproducida con recursos vocales; pero esa reproducción, según Wundt, no resulta de una semejanza buscada, es lograda por movimientos impulsivos de los órganos vocales55 . En estrecha relación con la onomatopeya está la metáfora fónica que surge cuando sensaciones ópticas o de origen cinético (el relámpago, el resplandor de la luz, el fluir del agua, el reptar ondulado de la serpiente, etc.) se traducen en emisiones fónicas56 . Se habla de simbolización vocal cuando las emisiones vocales son utilizadas con modulaciones casi musicales del tono para sugerir estados de ánimo57 . En ninguno de estos casos puede hablarse de signos convencionales; la comunicación se logra en virtud de la resonancia afectiva, los productos fónicos arrancan de una articulación espontánea. Hemos descrito las invariantes glotogónicas que están presentes activamente |
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| Resource Type | Article |