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La extensión de la protección social en salud en el nuevo Estado latinoamericano
| Content Provider | Semantic Scholar |
|---|---|
| Author | Macedo, Carlyle Guerra De |
| Copyright Year | 2001 |
| Abstract | 1. El Problema Un consenso universal está construyéndose: la pobreza y las desigualdades entre y dentro de los países, son el mayor problema de la humanidad. Y ello no se hace principalmente por consideraciones éticas; es principalmente por la evidencia, que se acumula, de que pobreza y desigualdad son las mayores restricciones a la expansión sustentable de la producción y factores esenciales de la estabilidad requerida por los negocios. Otro consenso se construye a partir de ese primero: la solución no vendrá automáticamente por el “derrame” de los beneficios de un posible crecimiento económico; exige propuestas y acciones específicas que tienen que ser puestas en práctica por los estados, liderando el esfuerzo de toda la sociedad. La falsa alternativa entre el Estado omnipresente y todo proveedor y el Estado mínimo, observador inerte de un mercado de todas las respuestas, viene siendo sustituida por la búsqueda de un mejor equilibrio y complementación, en que un Estado activo regula y orienta las innegables ventajas del mercado en la producción de bienes individuales, reduce la inestabilidad e incertidumbre de los mercados financieros, y garantiza la provisión de bienes públicos o socialmente requeridos asegurando la protección social necesaria en un régimen político democrático y de derecho. El discurso es casi común de la derecha a la izquierda democráticas; en las Naciones Unidas y en las instituciones de Bretton Woods; en el primer y en los otros mundos; en los “museos de Florencia y los Palacios de Berlín y en los claustros académicos”; de los activistas políticos y sociales y hasta de mega inversores. Abundan las resoluciones, declaraciones, planes de acción y hasta convenciones y tratados, en el plano internacional. En los países, la retórica llega a veces a concretarse en legislación e incluso ser inscripta en las constituciones nacionales. Sin embargo, la realidad poco cambia. Al contrario, parece continuar la tendencia de la concentración de riqueza y la “impotencia o abulia social” de los gobiernos. La pobreza, si no absoluta por lo menos relativa, continúa aumentando y la exclusión social no es modificada. Líderes nacionales, que pregonan el cambio y políticas públicas socialmente activas en los foros internacionales, en sus países aplican las recetas macro económicas del más puro fundamentalismo neoliberal del superado consenso de Washington. Promesas electorales son inmediatamente olvidadas con la posesión del poder. Los gobiernos se guían por lo que se dice son las expectativas del mercado, y en los países periféricos, además, por las decisiones de los países centrales y del capital financiero. En efecto, las disparidades entre ricos y pobres son cada día mayores. En 1960, el ingreso medio per cápita del 20% más rico de la población mundial era 30 veces el ingreso per cápita promedio del 20% más pobre; en el 2000 esa relación es posiblemente de 86 a 1. Los activos combinados de las tres personas más ricas del mundo son más que el Producto Nacional Bruto de los 48 países más pobres. Las 200 mayores fortunas personales equivalen al ingreso de los 2,5 millardos de personas más pobres, y el patrimonio combinado de las 500 mayores empresas (Fortune, 2000) es mayor que el PIB de toda la América Latina. Una expresión particularmente dolorosa de esa situación son las desigualdades en salud. La expectativa de vida al nacer en algunos países africanos es la mitad, enfatizo, la mitad, de la de los países más adelantados. Lo mismo ocurre dentro de los países. Si la esperanza de vida es medida en años de vida saludables, excluido el tiempo de incapacidad por enfermedades y lesiones, la diferencia es todavía mayor; puesto que en su corta vida los pobres sufren muchas veces más agresiones a su salud con mucho menos posibilidades de recibir la atención requerida que los ricos. El acceso, o su ausencia, a servicios de salud de calidad es, de hecho, un indicador basal de la exclusión social: la negación del derecho al cuidado de la propia vida. |
| File Format | PDF HTM / HTML |
| Alternate Webpage(s) | https://cladista.clad.org/bitstream/handle/123456789/1163/0039301.pdf?isAllowed=y&sequence=1 |
| Language | English |
| Access Restriction | Open |
| Content Type | Text |
| Resource Type | Article |